El espíritu de la música, origen de la tragedia: Capítulo 1


El arte evoluciona a través del espíritu apolíneo y del espíritu dionisíaco.  Apolo es el dios de la forma, y el que informa  a las artes plásticas, mientras que Dionisio es el dios de la exaltación anárquica -en él aparece como correlato artístico la música. el arte sin forma,

En tanto Apolo provoca el ensueño -la sensación de la perfección-, Dionisio impulsa la embriaguez como estado necesario para la mencionada exaltación. Ambos instintos caminan juntos, en paralelo, componiendo el par de opuestos de la dialéctica hegeliana (nótese la influencia de Hegel en todo el pensamiento de la época en la que Nietzsche escribe), hasta que se acoplan, formando la tragedia antigua.

El hombre dotado de un espíritu filosófico tiene el presentimiento de que detrás de la realidad en que existimos y vivimos, hay otra completamente distinta, y que, por consiguiente, la primera no es más que una apariencia. El velo de Maia se refiere al estado mental-espiritual que los hindúes atribuyen a este mundo sensible, el cual precisamente es apreciado de manera deformada por la imperfección de dichos sentidos; y Schopenhauer define formalmente como signo distintivo de la aptitud filosófica, la facultad que algunos tienen de representarse a veces los hombres y las cosas como puros fantasmas (transfiguración), como imágenes de ensueño. Pues bien, el hombre dotado de una sensibilidad artística se comporta respecto de la realidad del ensueño de la misma manera que el filósofo lo hace enfrente de la realidad de la existencia: La examina minuciosa y voluntariamente, pues en esos cuadros descubre una interpretación de la vida, y con esos ejemplos, se ejercita en la vida.

Puede aplicarse a Apolo lo dicho por Schopenhauer: El hombre individual. envuelto en el velo de Maia (lo aparente, una realidad disimulada), en medio de un mundo de dolores, permanece impasible y sereno, apoyado con confianza en el principium individuationis (principio del individuo, de lo individual).

Cuando el principium individuationis se rompe, se produce horror y éxtasis, dejando paso a la embriaguez.

Es importante comparar aquí el aporte de la dialéctica: Para la dialéctica del idealismo hegeliano, el hombre no es ya un artista, es una obra de arte: El poder estético de la naturaleza entera, por la más alta beatitud y la más noble satisfacción de la unidad primordial, se revela aquí bajo el estremecimiento de la embriaguez.

Por su parte, para el materialismo dialéctico,  el hombre no se hace humano mas que al crear un mundo humano; llega a ser él mismo en y por su obra, sin confundirse con ella y sin embargo sin separarse de ella (Henry LEFEVRE, El marxismo).
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